sábado, 26 de abril de 2014

Empezar de cero: Panamá

Un mes. Eso fue todo lo que estuve en Colombia.
A veces me pregunto cuáles son las ganas que tengo de huir de todo lo que conozco, de quienes me quieren, de mi zona de confort.

Salí hacia Panamá con lágrimas en los ojos… es la tercera vez que me voy de casa y todavía no me acostumbro. Después de un corto viaje, llegué a lo que sería mi hogar por 5 días: el colchón de la sala de gente desconocida que muy amablemente me dejó quedar ahí mientras conseguía donde vivir.

El primer día de trabajo siempre es asustador, uno no sabe cómo son los compañeros, los jefes, el ambiente… pero generalmente, al comienzo todo es color de rosa. Para CADA ayuda que requieras, debes hacer un ticket (una petición por escrito), y después de 2 semanas ya estoy cansada de ellos: ticket para que me dieran un pc, ticket para que me abrieran una cuenta, para que me dieran un mouse, otro más para instalar los programas… mejor dicho, ticket hasta para ir al baño!

Mi jefe es una señora adorada, paciente, tipo mamá. Lo más tierno es que me dice “amiga”: “oye, amiga, tenemos que mandar un comunicado”… jajaja la amo, es tan bella, me inspira a trabajar.

Volviendo al tema de vivienda, me mudé a un apartamento con una mexicana, una argentina y un peruano. Es una combinación rara, a veces todos hablamos y nadie entiende a nadie. Tengo mi habitación sola con cama doble y ventilador, es simple y cara. Comparto baño, cocino diario e intento conversar con mis roommates, pero aquí cada uno tiene su mundo. Todavía no me acostumbro a vivir con interns, todavía me enojo cuando alguien no lava los platos, soy la única que tiende la cama, que arregla y limpia el cuarto… Dios, creo que soy de otro mundo.

El calor panameño está acabando con mi cuerpo, mi piel, mi pelo y mi buen genio. Caminar al trabajo todas las mañana me hacía derretir, así que empecé a tomar un bus que me lleva en 3 minutos y que cuesta $0.50, increíble!

El choque cultural me ha llevado a peliar en varios lugares, los panameños son muy perezosos, el servicio al cliente es malísimo. Ejemplo: entré a un almacén grande, buscaba unos ganchos. Habían 2 chicas empleadas del almacén sentadas y conversando. Les pregunté por los ganchos y una de ellas me dijo: “vaya hasta el fondo, allá pregunta”. WTF! Ud trabaja aquí, su trabajo es ayudar, conchuda!! Pero en fin… tendré que empezar a ser más paciente y a relajarme con esta gente. La vida me pone pruebas para que yo deje de ser neurótica y afanada… pero parece que no he aprendido.

Saludos desde Costa del Este – Panamá, una zona donde desafortunadamente no hay playa para relajarse el fin de semana :(