domingo, 15 de septiembre de 2013

Brasil, el país del pan

La tercera semana en Brasil empecé a ir al gimnasio para evitar engordar en el país del pan. No sé si es que aquí no venden otros tipos de comida pero la gente come pan por montones: grandes, pequeños, dulces, salados, con queso amarillo, blanco… ya me cansé de desayunar pan todos los días. En esta cultura también se comen fríjoles con arroz TODOS los dias, no pueden faltar en los almuerzos de los brasileros. Una curiosidad es que aquí la mayoría de restaurantes son buffet, entonces uno se sirve lo que quiera y paga según el peso, lo que en mi caso es bueno porque un almuerzo generalmente me cuesta R.7 (3,5dls).

En fin, lo importante fue que mi rutina se volvió: madrugar al gym, ir al trabajo y volver a la casa…. Um poco aburridora, no? Empecé a salir a bailar los jueves en la noche con un compañero del trabajo que es bailarín (se llama Ed) y con el aprendí el famoso forró, algo parecido a la salsa pero donde el hombre hace absolutamente todo y la mujer solo se deja llevar! Busquen en google, es muy chévere!

El primer jueves volví como a las 2am y todo estuvo muy bien. El siguiente jueves estaba muy feliz bailando cuando a las 2:05am me llamó la señora con la que vivo a preguntarme donde estaba. Me tocó venirme para la casa y ella diciéndome que era muy tarde, que estaba preocupada y que esas salidas no se podían hacer en semana porque no iba a rendir en el trabajo, bla-bla-bla, carreta y regaño. En ese momento mi perspectiva sobre vivir con doña Celia dio un giro y dije: me voy. Muy querida la señora, demasiado amable, pero  en reaidad no quiero tener una mamá aquí. Uno de intercambio, con 23 años, con ganas de salir y una viejita poniéndole problema???? No todo podía ser tan perfecto.

Empecé a buscar cuartos cerca del trabajo y se presentaron 2 oportunidades muy grandes:
1. Vivir con 2 hombres del trabajo: es un cuento enredado. Ed, el del baile, tiene una casa donde solo va a dormir durante la semana porque vive en otro lugar los fines de semana. La casa es bonita pero está vacia, completamente vacia. El dijo que podía vivir allá y compartir el cuarto con otro niño del trabajo que también iria solo a dormir. Hablé con ellos y dijeron que entre los 3 podriamos comprar por lo menos un fogón, una nevera y un par de ollas y dijeron que si. Si me mudo para allá tendría una habitación pequeña compartida, iria en bicicleta al trabajo, estaría sola los fines de semana y tendría piscina en el conjunto, además de que solo tendría que pagar los servicios.

2. Vivir con las niñas: encontré un apartamento para vivir con 2 mujeres. La casa queda justo detrás de mi trabajo, llegaría en 30 segundos a QMágico, tendría todas las comodidades (sala, cama, cocina y de todo…sin piscina) y tendría que pagar una mensualidad de R.300 (160dls).

Entonces, ¿cómo decidir? Todavia lo estoy pensando!

El problema más grande ahí ha sido Nico, el hijo de la señora con la que vivo y con quien ando saliendo (solo que doña Celia todavía no sabe que me beso al hijo). Cualquiera que haya leído mi blog de au pair pensará que voy por el mundo dejando amores, pero en realidad no es así. El caso es que Nico se puso muy celoso y bravo cuando le conté de la posibilidad de irme a vivir con los chicos, aunque no somos nada así que no puede reclamar.

Mi trabajo sigue siendo muy chévere, aunque odio a mi jefe porque no le gusta nada de lo que hago y nunca me explica porque, solo vuelve a hacer desde cero lo que yo hago, y eso es frustrante. A veces me meto a Fb y twitter, busco en que pierdo el tiempo porque no sé que hacer. Un mes trabajando y todavía me siento medio perdida!

Esta vez la experiencia ha sido difícil, aquí las cosas no son tan color de rosa como en Gringolandia siendo au pair, pero aquí sigo por lo menos hasta el 3 de marzo.
Meninas, no tengo más que contar. Si vienen a Brasil un dia, les suplico que cuiden sus virginidades porque estos brasileros lo quieren TODO rápido.


Hasta la próxima entrada!
Tchau!

No hay comentarios:

Publicar un comentario